En Veracruz, la grilla está buena, pero el cemento pesa más que los discursos.
En política hay quienes se ensucian los zapatos recorriendo las comunidades y quienes prefieren ensuciar el ambiente con declaraciones. Para gustos, colores… y para políticos, estrategias.
Juan Javier Gómez Cazarín, delegado de Bienestar en Veracruz, anda presumiendo que el liderazgo no se construye desde el escritorio, sino en territorio, con la gente y hasta con las botas embarradas de concreto. ¡Órale! Parece que al menos alguien entendió que las fotografías de oficina no pavimentan calles.
Según el boletín, el funcionario ha participado en los llamados tequios —trabajos colectivos para mejorar las comunidades— en lugares como Panorama, en Coyutla, y El Aguacate, en su natal Hueyapan de Ocampo, donde la gente pone las manos a la obra para sacar adelante sus proyectos.
Y aquí viene la pregunta con jiribilla: ¿cuántos políticos están dispuestos a cambiar el templete por la pala, el micrófono por la carretilla y el discurso por una jornada de trabajo?
Porque una cosa es llegar a la comunidad, tomarse la foto con la mezcla fresca y publicar que se trabaja hombro con hombro; otra muy distinta es regresar cuando ya no hay cámaras, cuando aparecen los problemas y cuando la obra necesita seguimiento.
Gómez Cazarín asegura que el pueblo no debe verse como una bolsa de votos, sino como el motor de la transformación. Y en eso tiene razón: la gente no come discursos, no camina sobre promesas y tampoco llena los tinacos con declaraciones.
Pero tampoco hay que repartir medallas antes de tiempo. Si el trabajo comunitario se traduce en caminos transitables, aulas dignas, agua disponible y espacios deportivos útiles, que suenen las palmas. Si todo termina en una bonita publicación para las redes, entonces la única obra terminada será la de imagen pública.
Porque en la política veracruzana ya conocemos el catálogo completo: hay quienes inauguran, quienes supervisan, quienes prometen y quienes aparecen cuando la obra ya está lista para cortar el listón. ¡Y vaya que hay especialistas en la tijera!
Por lo pronto, el delegado apuesta por el trabajo colectivo y presume que el liderazgo se construye desde abajo. Bien. Ahora toca que las comunidades puedan comprobar que el esfuerzo no se queda en el aplauso ni en la fotografía.
MORALEJA GRILLERA: En política, las botas con cemento pueden hablar más que una corbata, pero los resultados hablan más que las botas. Porque el pueblo puede poner la mano de obra; lo que no debe poner es la otra mejilla cuando las promesas se quedan a medio camino.
¡Seguimos grillando y dando! Porque aquí no se trata de aplaudir por consigna ni de criticar por deporte: se trata de mirar la política sin maquillaje y preguntar lo que otros prefieren dejar debajo de la alfombra.











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